Historias

Juanito Vázquez: Leyenda Eterna.

Se podría decir que se forjó una «Vida Deportiva» de película de inicio que la llenó de tintes épicos y múltiples peripecias en su desarrollo y que culminó con un lance final trágico, como desenlace. Aunque lo realmente mágico, si te place y lo aprecias, es su epopeya; es decir, todo lo que le aconteció y el como la vivió, ¡vaya!. Una historia de resiliencia que con paciencia, se convertiría en una auténtica aventura por ella (V.D) y con especial insistencia, desearla, quererla y amarla para hacerla aún más bella. Una obra que asombra por los acontecimientos, la de uno de los magnos selectos del deporte del balompié.

 


Marcelino Martínez Cao: Un Coloso.

La particularidad y peculiaridad de este recorrido fantástico, fue que los protagonistas eligieron bien la ruta a seguir, completaron satisfactoriamente todas las etapas y pudieron cumplir y cerrar el círculo mágico. A nivel personal e individual con su testarazo, inició la primera página con letras doradas del «Gran Álbum» de la historia de la Selección Nacional. Nunca tanto como ahora, a la Roja se la respeta, sin olvidar que hubo un antes, un durante y un después. En el antes, otros lo intentaron y fracasaron. En el durante, llegaron más y con él, triunfaron. En el después, la igualaron y superaron. A los de ahora, toca darles un esperanzador plazo.

 


Fernández Amado: Un Afán Inconmensurable.

Faltaríamos a la verdad, si se dijera que visualizó, imaginó o soñó lo que vivió. Lo que realmente pasó fue algo más natural, es decir, un pulso que usó como recurso para alcanzar su deseo deportivo y completar el curso, alcanzando el objetivo. Nada ni nadie le ayudó en su cometido, por eso lo logrado tiene mayor mérito. Fue lo que quiso ser, se lo propuso y conseguido, de ahí el gran legado, su éxito. Afortunado aquel que cumple con el requisito (premio) y logra alcanzar lo exquisito (recompensa). El pragmatismo de un futbolista hecho a sí mismo. 

 


Camilo Casal: Una Emotiva Vida Deportiva.

Demostró en su momento, cuando lo necesitó, su capacidad personal de esfuerzo, dedicación y disciplina que fue lo que le ayudo a superar una crisis deportiva sibilina. Cuando las circunstancias vinieron mal dadas, su poder de adaptación y capacidad de superación, fueron extraordinarias. Incuestionable actitud, a la que acompañaría de confianza, fuerza de voluntad y constancia, para salir airoso del confuso destino marcado. Cuando las mismas se dieron rodadas, las aprovechó, disfrutó y se recreó, para hacerlas espléndidas. No hay cuentas pendientes, tan solo objetivos o metas que a veces se cumplen y otras no.

 


José López: Un Entusiasta, Un Apasionado.

Mucho arte el desplegado en el «Teatro de los Sueños Deportivos». En un principio, en el primer acto, se dejó ver y entró en juego la fantasía, a modo de introducción. En su avance, en el segundo, in situ y de facto, en el propio escenario, en su desarrollo, por el ansia de lo desconocido se dejó llevar y entero se entregó a su cometido. En el tercer y último, el del desenlace, con tacto, se arriesgó y con una soberbia actuación, encontró el camino y su destino. Quién eligió a quien, no lo adivino, lo que no se pudo evitar fue mantener el idilio eterna y completamente. Esta es la loa deportiva, a la oda que él se creó.

 


Abel Morán (Pontoni): El Alma Indomable.

Su rebeldía y obstinación a partes iguales, mentalmente le sirvió en su día a día, para enfrentarse y sortear todo tipo de adversidades. Para salir airoso en su caso, tan sólo se lo propuso y confió en sus posibilidades. El recurso «un paso atrás» la osadía que le sirvió para avanzar y alcanzar su propósito y objetivo, si perder la esencia y mantenerse, integro e inquebrantable. El triunfo del deseo deportivo por el camino de la pureza, eleva y acerca con firmeza, al deporte y al deportista, de modo formidable a lo supremo. Este es un palmario y personalísimo ejemplo.

 


Segundo Ramos: El Perseverante.

La dificultad no estuvo en el mero hecho de alcanzar la cima, pues con esfuerzo, trabajo duro y que nunca se rindió, le bastó. La verdad, lo peor, fue contentar con esmero a la autoestima, pues su deseo era establecerse ahí arriba, vivir por y para ella, pero mantenerse, le costó. Ante la adversidad, tuvo la capacidad de sobreponerse, la habilidad para adaptarse y el amor propio necesario como para salir fortalecido. Su axioma preferido «tú eres la clave, tú tienes la llave» así que, toma nota y reacciona, pues merece la pena.

 


Arturo Otero: Un Gran Baluarte.

Lo tuvo siempre muy claro (convencimiento) por entero se entregó (predisposición) y se centro en su cometido (determinación), sabiendo de lo complicado que era destacar en su puesto (pasión). Dispuesto, obtuvo primero el premio (la profesionalidad) y luego, después se ganaría su preceptivo respeto (la fama). Su mensaje; sin esfuerzo no hay recompensa y sin motivación, ni ganas, la tarea jamás compensa. El fútbol estará en constante evolución, los medios (infraestructuras, material deportivo, tecnológico, etc) en continua transformación, pero lo que nunca jamás cambiará, es el convencimiento, la predisposición, determinación, pasión e ilusión para llegar a ser profesional y querer alcanza la fama.

 


Fernando López (Nando): Elegancia Pura.

La suerte pudo decantarse a su favor, pero no fue así, algo falló e intentar encontrar una explicación, sería más bien inútil. Tuvo que esforzarse en su labor, esto fue así y luego brilló, para lograr alcanzar su condición de líder, de forma sutil. La duda, de por qué no llegó a la élite, lo acompañará siempre, eso es evidente, aunque los hechos, lo vivido y conseguido, sean lo realmente importante de alguien que nunca fue dúctil. Deleitó, disfrutó y se divirtió, hasta que el paso del tiempo se lo imposibilitó.

 


Joselu Gómez: Su Gran Gesta.

El simple hecho de no alcanzar la meta señalada, no se debe considerar como decepcionante, para nada. La cuestión importante es todo lo que se puede entrever de un trabajo preponderante, como el hacer de su faceta, una marca personalizada. De lo que se trata es, de que el objetivo se ajuste a la realidad, no a la parte idealizada. Significativo el hito conseguido para convertirse en mito.